Jacarandas, una relación con ellas

“Te dije que mi vida ha transcurrido entre jacarandas, porque platicando de ellas me hiciste revivir muchos momentos, y eso concluí”. 

“Hoy sé, que están allá afuera, no sé si las vuelva a ver, pero les comparto este volver la mirada hacia ellas”.

 

No sé cuando escuché que mi papá había sembrado las jacarandas de Ciudad Universitaria, sólo sé que así fue. Tampoco sé cuándo sembraron mis papás las jacarandas en hilera, en el terreno de Santa María Ahuacatitlán, Morelos. Visitábamos este lugar seguido, yo las recuerdo ya grandes y frondosas. Cuando estaban en floración era paseo delicioso caminar entre ellas, así que su aroma también es recuerdo atractivo, fresco, volátil, que luego se endulza. Hablábamos de ellas siempre, y veíamos en ellas un trabajo especial. Algunas tenían bolsitas amarradas en donde había crecido una rama delgada que enraizada ya era otro árbol. Por eso también, pensamos que éstos fueron los árboles madre, de los de que mi papá sembró en CU.

 

Algunas veces escuché que mi papá entusiasmado les compraba plantas a los señores Matsumoto. Hoy, supongo que esas primeras jacarandas de Santa María y muchas otras, se las compró mi padre cuando trabajó en la ICA.

 

Años después de la muerte de mi padre, Carlos Cruz Gonzalez, supe más sobre su participación y las jacarandas en CU. Avisaron a mi madre, Rebeca Espinosa, que convocado por el rector Juan Ramón de la Fuente se haría un homenaje a los arquitectos y colaboradores que iniciaron la construcción de la Ciudad Universitaria y mis padres trabajaron el proyecto de jardinería con el arquitecto Mario Pani. Esta primera área construida, hoy es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

FOTOGRAFÍA

Lilia Cruz Gonzáles Espinosa

Jacarandas, una relación con ellas

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